16 July 2021
16. July 2021 Space

Lanzamiento de ERS-1 : el nacimiento de la observación de la Tierra europea

Una mirada al pasado por Volker Liebig

ERS-1 ©Airbus Heritage

El 17 de julio de 1991 se lanzó al espacio el primer satélite europeo de observación de la Tierra en órbita polar, el ERS-1, construido por la actual división espacial de Airbus. El ERS-1 (1991-2000) y el casi idéntico ERS-2 (1995-2011), también construido por Airbus, sentaron las bases de lo que hoy es el sistema europeo de observación de la Tierra líder en el mundo.

Tres preguntas para: Prof. Dr. Volker Liebig

Volker Liebig (c)ESA

Volker Liebig fue Director de Observación de la Tierra en la Agencia Espacial Europea (ESA) de 2004 a 2016. Desde 2010, también es profesor honorario en el Instituto de Sistemas Espaciales (IRM) de la Universidad de Stuttgart, donde imparte clases sobre programas de satélites para la exploración de la Tierra y las telecomunicaciones. Liebig también es asesor principal de servicios digitales por satélite para Airbus.


Hace treinta años -el 17 de julio de 1991- se lanzó el primer satélite europeo de observación de la Tierra, el ERS-1. ¿Qué importancia tuvo el programa ERS para el desarrollo de la exitosa observación de la Tierra en Europa y para el desarrollo de la industria espacial en Europa?

El ERS fue realmente la plataforma de lanzamiento de la observación de la Tierra en Europa. El satélite se desarrolló principalmente para la observación de los océanos, pero rápidamente se convirtió en el "caballo de batalla" para muchos estudios de ciencias de la Tierra. En particular, los nuevos métodos de interferometría de radar, que pueden medir los modelos digitales del terreno y la velocidad de movimiento de los glaciares y el movimiento del suelo causado por los terremotos, han revolucionado las ciencias de la Tierra.

 

Le siguió otro gran satélite de observación de la Tierra (OT), el Envisat, y luego se amplió el programa europeo de OT.  En 1998, la UE y la ESA pusieron en marcha el programa Copernicus, que comprende una flota de nuevos observadores de la Tierra, los Sentinel (actualmente ocho en órbita), y dieron un impulso al usuario al poner los datos a su disposición de forma gratuita. Los satélites de la llamada serie Earth Explorer siguen abordando cuestiones científicas. ¿Qué aportación hace el programa OT a Europa, desde el punto de vista tecnológico, ecológico y económico?

Después de Envisat, un satélite del tamaño de un pequeño autobús, en la ESA queríamos cambiar a satélites más pequeños y lanzar una misión cada 1-2 años. La tecnología también estaba madura para satélites más pequeños. Luego, la definición y puesta en marcha del programa Copernicus fue lo que realmente cambió el juego para hacer operativa la observación de la Tierra en Europa. Una vez más, optamos por satélites más pequeños. Sentinel-1 y 3, por ejemplo, tienen ahora versiones modernas de los instrumentos de los satélites ERS, es decir, radares y altímetros. Esto hizo que Europa fuera independiente por primera vez en cuanto a datos medioambientales. Al mismo tiempo, se produjo un gran impulso en el ámbito del análisis, ya que los datos pasaron a estar disponibles de forma gratuita para todos. Miles de analistas de datos empezaron a utilizar los datos de la OT para sus aplicaciones de IA. Entretanto, hay cientos de miles de usuarios y profesionales de todos los ámbitos de aplicación: desde la determinación del aumento del nivel del mar hasta los sistemas internacionales de lucha contra incendios, pasando por el seguimiento de los vertidos de petróleo en aguas europeas o los servicios de emergencia durante las crisis. Además, han surgido muchas aplicaciones comerciales que se utilizan cada vez más, por ejemplo, para vigilar el movimiento de infraestructuras como presas o puentes, por citar sólo una. Por supuesto, el sistema Copernicus y la serie Earth Explorer también suponen un mercado en constante expansión y muy innovador para la industria espacial. Todo esto ha llevado a la industria europea a ser líder en la observación de la Tierra a nivel mundial, lo que no ocurre en muchos otros campos.

 

La cantidad de datos y mediciones del planeta recogidos por los satélites no ha dejado de aumentar, y los resultados son cada vez más precisos, cada vez a menor escala y disponibles con mayor rapidez. ¿Qué deja esto para la "observación de la Tierra del futuro"? Digamos, ¿en los próximos 30 años?

El sistema terrestre es muy complejo y casi ninguna ciencia de la Tierra puede prescindir hoy de los datos de los satélites. Los campos más conocidos son, sin duda, la investigación del clima y la oceanografía. Sin nuevas misiones, nuestros ambiciosos objetivos climáticos no serán factibles. Para ello, debemos vigilar constantemente el estado de nuestro entorno e intentar comprender los complicados procesos para poder tomar medidas correctivas si algo va en la dirección equivocada o es insuficiente. Sin embargo, las empresas exigen cada vez más información, por ejemplo, para demostrar el cumplimiento medioambiental y social de sus cadenas de suministro, por ejemplo, controlando que no se tale la selva tropical para el cultivo de sus propios productos.

Así que podemos esperar muchos nuevos satélites y servicios en los próximos 30 años. Lo que ya vemos en los tableros de dibujo de los ingenieros son misiones para estudiar las plantas mediante fluorescencia, para tomografiar los bosques tropicales con longitudes de onda largas, para estudiar la interacción de la radiación solar, los aerosoles y las nubes, para identificar los principales emisores de CO2 directamente desde la órbita terrestre, y mucho más. Por supuesto, tenemos que registrar los parámetros medioambientales más importantes a lo largo de muchas décadas, cosas como la subida del nivel del mar (que actualmente ya supera los 3 mm anuales), el deshielo del mar y las grandes masas de hielo de los polos o la observación de las zonas de permafrost. Espero que dentro de 30 años ya hayamos progresado y que veamos los primeros éxitos de las nuevas políticas climáticas, al igual que vemos hoy que el agujero de la capa de ozono vuelve a cerrarse poco a poco después de que los responsables políticos hayan reaccionado correctamente basándose en datos científicos. El profesor Crutzen, galardonado con el Premio Nobel por sus investigaciones sobre la química del ozono, fue también uno de los padres intelectuales de instrumentos como GOME en ERS-2 y posteriormente de Sciamachy en Envisat. Se trata de un bonito vínculo con el lanzamiento del ERS-1 hace 30 años.

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